20 años en el “Camino de Santiago”

20 años en el “Camino de Santiago”

Dureza, constancia, desesperación, alegría, compartir con la gente, transigencia, empatía, solidaridad, búsqueda de “pequeños objetivos”, compartir experiencias, acompañamiento, conocimiento de nuevas realidades, personas y experiencias, disponibilidad, escucha, afán de superación, supervivencia, crecimiento personal…

Soy Raquel. Soy Educadora Social desde hace doce años (en Alamedillas) y algunos más fuera de ella; y soy una declarada apasionada del Camino de Santiago (he hecho unos cuantos ya de ellos en sus diferentes variantes: de épocas, senderos y locomoción) y me puse a pensar (he de decir, para ser sincera que la idea me la dio una gran amiga desde la distancia) sobre qué escribir para este artículo… y la pregunta fue: ¿por qué no unir dos de tus grandes pasiones, a las que dedicas mucho tiempo, que tanto te gustan, de las que ya vas conociendo “algo más” y que -si lo piensas detenidamente- tanto tienen que ver entre ellas?. La idea me gustó y este es el resultado.

La intervención familiar es a la educación social como el camino es a Santiago, términos indivisibles, complementarios;  uno no se podría entender sin el otro. No hay camino que no termine en Santiago así como no hay intervención global que se realice desde Educación Social que no contemple a la familia y las relaciones existentes entre los distintos miembros, dentro y fuera del domicilio.

En el camino sigues unas flechas rojas, flechas amarillas o piedras de diferentes formatos; y en  la intervención familiar se siguen unos objetivos consensuados entre la familia y los distintos profesionales implicados… ¡seríamos esas flechas amarillas! En el camino te planteas unos retos a corto plazo que terminan cambiándote para bien; en la familia los retos se marcan también día a día (serían las etapas familiares, nuestras etapas del camino) cuyo fin consiste en que los cambios también se den a nivel individual y familiar. Durante las etapas en el camino se sufre: hay muchas subidas, hay mucho que recorrer, pero también hay muchos tramos que se disfrutan y se te quedan marcados en las piernas y en la memoria… ¿y  en las familias? hay “subidas”, muy duras en muchas ocasiones, pero también hay tramos que “se disfrutan”.

Cuando yo camino o hago una etapa en bici, llevo mi mochila o mi alforja, y…. ¿en nuestras vidas diarias? ¿Cargamos también con mochilas o alforjas?  A mí me ayudan muchas veces con ellas durante el camino, cuando estoy más cansada o cuando estoy más desanimada o cuando no consigo ver el final de la etapa… ¿Y? ¿Qué pasa en nuestras vidas?  ¿Qué pasa con nuestras mochilas o alforjas de vida?  Pasa lo mismo. Creo que tenemos la gran suerte de poder ayudar y acompañar con esas mochilas a todas aquellas nuevas personas y  nuevas realidades de vida que vamos conociendo a lo largo de nuestro camino e intervenimos o ayudamos a cargar con estas…

En el camino, como en la intervención, la experiencia me ha enseñado a valorar que no es tanto terminar una etapa y que tu  credencial quede sellada como muestra de tu hazaña, sino que la etapa en sí y todo lo que durante la misma aprendes (sitios y gentes nuevas que conoces; la lucha física y mental contigo misma, que te ayuda a superar tu nuevo reto; el levantarse ante las dificultades que te vas encontrando). En la intervención familiar lo importante no son los documentos burocráticos y administrativos como muestra de tu hazaña; lo importante es lo que todos aprendemos durante el proceso, lo importante son los retos superados, los cambios de las personas, los aprendizajes adquiridos durante los mismos, los retos alcanzados y superados, los pequeños y grandes logros…

Más allá que contagiar mi entusiasmo por estas dos actividades, escribo este artículo para que podamos seguir pensando un poco en ello, realizando caminos en nuestras vidas, de Santiago o de los que sea, y sigamos ayudando en los caminos de los demás con la misma ilusión con los que intentamos llegar a Santiago.

Tras cada camino o etapa y con cada  intervención o entrevista, yo cambio, yo mejoro, yo cambio mis circunstancias, mi forma de entender la vida y, un poquito… a los que tengo a mi alrededor.

¿Camino de Santiago o Intervención Familiar?

Vosotros y vosotras elegís… o no…

Una opción más en la que pensar….

¿Por qué elegir si se pueden tener las dos cosas? Nos enseñan que siempre tenemos que optar por una sola cosa: un mejor amigo, una casa, una pareja, un color, un número, una comida en una boda ¿carne o pescado?  No selecciones. Démonos cuenta…  ¿por qué no quedarnos con todo si se puede? Ésa siempre ésa será la mejor opción, la más productiva, las más enriquecedora, la más gratificante… y al final la que más feliz nos hará.

(Gracias, de nuevo, a una gran reflexión/aportación de una amiga en la distancia).

Raquel Fernández Silva

Educadora Social

Distrito de Arganzuela (Madrid)